Un importante encuentro internacional de representantes de la entidad Apoyo Familiar, que en La Plata y en otros puntos del país ha desplegado una estructura de contención para chicos de la calle, se desarrollará este fin de semana en nuestra ciudad. Tal como se anunció, especialistas invitados hablarán del sistema conocido como "banco de los pobres", de emprendimientos productivos y prevención sanitaria, entre otras cuestiones ligadas al tema de la minoridad en condición de pobreza y desamparo, una situación que preocupa hondamente y que obliga a repensar todos los mecanismos para enfrentar la emergencia.
Es ostensible que, más allá de la vigencia de recientes planes asistenciales cuya efectividad debe ser puesta de relieve, las cifras sobre la pobreza y la niñez siguen representando un dramático llamado de atención. A ningún observador puede escaparle la creciente cantidad de chicos mendigando por la calle o, a muchos de ellos, ofreciendo distintos tipos de destrezas en esquinas peligrosas, atestadas de vehículos.
Estos y muchos otros ejemplos más deplorables exhiben con crudeza hasta qué extremos está llegando el estado de necesidad para algunas franjas sociales y, a estas alturas, el problema demanda sin dudas una reacción urgente. Sabido es que los niños son el sector más vulnerable y que la pobreza los arrastra a una vida llena de riesgos.
En ese contexto, numerosas notas publicadas en los últimos años por este diario vinieron alertando sobre el preocupante crecimiento del empleo infantil en el país y en nuestra región, en un fenómeno que, por cierto, no ha sido revertido. Así, ahora, últimos informes oficiales dieron a conocer que hay más de 2 millones de niños en esa situación en el país, algo que evidencia que las políticas tendientes a erradicar esa penosa realidad no lo han logrado.
A pesar de que las leyes marcan que ningún chico menor de 14 años puede trabajar, últimos relevamientos indicaron que sólo en la provincia de Buenos Aires unos 800 mil chicos desempeñan tareas laborales. Y que en la enorme mayoría de los casos, lo hacen en condiciones más que precarias, con remuneraciones penosas y expuestos a peligros de toda índole.
El fenómeno -como se sabe- está ligado directamente a la pobreza que aún existe en amplias zonas del país. Pero también, apuntan los especialistas, a la persistencia de patrones culturales dentro de los grupos sociales donde el empleo infantil golpea con más fuerza.
Los índices aún elevados de mortalidad infantil, los bajos índices de cumplimiento en los programas de vacunación, el alto nivel de deserción escolar, en fenómenos que se presentan con crudeza en las franjas sociales más necesitadas, obligan principalmente al Estado a reaccionar en forma perentoria.
Pero la enorme tarea que debe desplegarse exige una coordinación de esfuerzos y el diseño de estrategias elaboradas, aprovechándose el aporte de tantas organizaciones no gubernamentales que vienen prestando el invalorable servicio de acudir en defensa de la niñez necesitada.
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