La madrugada en la que falleció el turista entrerriano José Fortina en Villa Carlos Paz, después de cuatro horas de intentos infructuosos por conseguir una unidad de terapia intensiva, tanto en el sector público como privado, había 10 camas críticas libres en hospitales provinciales de la ciudad de Córdoba y Gran Córdoba.
El dato fue confirmado a este diario por el ministro de Salud de la Provincia, Oscar González, quien precisó que había tres unidades de terapia desocupadas en el Hospital de Alta Gracia; dos en la base del 136 del Hospital Materno Neonatal; dos en el Hospital Misericordia; y tres en el Tránsito Cáceres de Allende. “En este caso, con alguna discusión, porque alguna de las camas no habría estado totalmente en condiciones”, dijo el funcionario.
Por el caso fueron suspendidos cinco médicos de los establecimientos mencionados, que eran los profesionales a cargo de las terapias esa noche.
“Todavía no hay novedades con el sumario”, dijo González, quien consideró que podría demorar unos 15 días.
Las sanciones se impusieron luego de que la cartera sanitaria realizara una auditoría para corroborar si había o no camas críticas libres en los hospitales provinciales cercanos.
Tras el caso, el Ministerio de Salud de la Provincia dispuso modificar el mecanismo de derivación de pacientes en estado crítico a clínicas privadas, que entró en vigencia esta semana.
Ahora, los pacientes con riesgo de vida podrán ser internados en cualquier clínica que tenga convenio con Apross, sin orden de derivación.
Sin camas ni bancos
El problema es cuando uno cae enfermo o pretende educar bien a los hijos. Ahí volvemos a la noria de la desinversión en salud y educación. Rosa Bertino.
Rosa Bertino - Periodista
La noticia salió en todas partes: “Dos turistas murieron en Córdoba, por falta de atención”. Clarín incluso la usó como referencia del colapso sanitario en Argentina. Obviamente, esto no le hace ningún favor a una provincia turística.
Los fallecidos estaban en la saturada Villa Carlos Paz. El del taxista entrerriano fue un caso paradigmático, ya que pertenecer a una obra social “pobre” habría sido un impedimento para encontrar cama. El hecho motivó un sumario administrativo, que derivó en el pedido de suspensión de cinco profesionales.
La reacción de lo que llamamos “la gente”, fue bastante precisa. “Por fin un funcionario que toma medidas... ¡Esta noticia tendría que haber ido en tapa!”, vociferó un remisero, mientras leía el diario. Mal que le pese a un sector del gremio médico, ya se sabe que sí había camas.
Antes se daba. El refrán “Salud, dinero y amor” se invirtió totalmente. Hoy prima el dinero, porque permite conseguir los otros dos. Aun así, muchos siguen creyendo que la salud es gratis. Bueno, según de cuál se trate. La actual familia tipo dedica el 20 ó 30 por ciento de su presupuesto a los remedios. Preguntando, encontramos que no tienen ningún enfermo en casa.
Son los sanos, por así decirlo, los que tienen un gasto fijo en analgésicos, antialérgicos, digestivos, colirios, pomadas y otros productos de venta libre. En general, los compran sin pasar por el médico o la obra social.
Hoy se cobra. El problema es cuando uno cae realmente enfermo. O cuando pretende educar bien a los hijos. Ahí volvemos a la noria de la desinversión en salud, y educación. Faltan camas en hospitales y sanatorios, y bancos en las escuelas.
En una provincia (y un país) donde la oferta gastronómica aumentó más del 300 por ciento en una década, se redujo el número de clínicas y sanatorios. Cada tanto se inaugura un boliche o restaurante; nunca un colegio. Sí se abren consultorios de “prácticas especializadas”, o institutos de “perfeccionamiento educativo”. Muy sencillo: ahí se cobra. Y se paga, aunque parezca una obviedad.
Paciente Obama. La semana próxima, el gobierno de Barack Obama pretende aprobar el nuevo sistema de salud en los EE.UU.. Fue su gran promesa electoral. Cunde el escepticismo, porque implica un gasto de 950 mil millones de dólares para 10 años. ¿De dónde van a salir? El presidente y su equipo están convencidos de que saldrá del propio sistema, una vez saneado. Tanto, que recompensarán con una millonada cada denuncia fehaciente de fraude sanitario.
Sólo en sobrefacturación y prácticas indebidas, el erario estadounidense perdió U$S 54 millones en 2009. El día que acá se haga una auditoría, dará una cifra como para instalar camas hasta en la Terminal de Ómnibus.
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