Apenas unos minutos pasaron de las dos de la mañana. En Tartagal, unas 250 personas esperan que abran las puertas del hospital Juan Perón. Si tienen suerte conseguirán uno de los 150 turnos para que alguno de los dos pediatras de la institución certifiquen el estado de salud de sus hijos, uno de los requisitos indispensables para cobrar la Asignación Universal por Hijo.
“El que no está presente queda afuera de la lista”, grita Lucía, que se improvisó de dirigente para armar una lista en papel. Tiene 115 firmas y las va a presentar al hospital, donde ya dejaron otras dos listas parecidas.
Gladis Cisneros es la primera en la fila, pero no está en ninguna de las tres listas que andan dando vueltas. Está a cargo de sus tres nietos y ya lleva dos noches de desvelo. “Hay muy pocos médicos”. Cuando se abran las puertas a las 6.30, Gladis correrá el riesgo de quedarse otro día sin turno. “Sé que hay que venir a hacer llenar la libreta, pero me hubiese gustado que nos den más tiempo”, reflexiona.
Unos metros atrás de ella, Analía levanta la voz para hablar con El Tribuno y en unos segundos se arma un círculo de discusión en la entrada al hospital. “No tenemos información”, parece ser la conclusión. En el lugar no se ve ningún cartel o consigna oficial.
Analía es de Tranquitas, a 14 kilómetros de Tartagal. “Para mí es muy complicado venir. Tengo que buscar a mi hija de la escuela en Piquirenda; volver a mi casa para dejarla y después venir acá. Encima tal vez vuelva sin turno. Si me lo dan tengo que buscar a mi hija y volver al hospital para que la atiendan”, explica. “Una vez al año hay que llenar la libreta, para que los médicos vean si los chicos están bien de salud, pero sólo hay dos pediatras atendiendo”.
Un caso conmovedor es el de Yaquelín, que está al costado de la fila. Su hijo Daniel se le enrosca al cuello y cada tanto cierra los ojos, vencido por el cansancio. Consiguió turno, pero sólo para su beba de cuatro meses. Espera que por la mañana atiendan a sus otros hijos de 5, 8, 14 y 15 años. En algún momento de la madrugada tendrá que ir a buscarlos a su casa, para esperar en la vereda.
Todos los que esperan en el hospital hicieron antes otra fila en una escuela y todavía tendrán que pasar otra noche en la terminal de la ciudad, a unas cuadras de ahí. Es para que les den otro turno, pero esta vez en la ANSeS.
Son casi las tres de la mañana. Cerca de 50 personas duermen en la vereda. Se tapan con frazadas y algunos tienen sillas. Hay cochecitos de bebés.
Esperan que abra un local de la Dirección de Discapacidad del municipio, que entrega turnos para terminar los trámites en la ANSeS. |