Al conmemorarse hoy el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer, EL INDEPENDIENTE comparte la historia de vida de tres mujeres que están intentando superar el círculo de la violencia machista, con la ayuda de la asociación "Causan Huasi", entidad que les está brindando un techo y contención junto a sus hijos.
María Andrea (25), María Inés (31) y Alejandra (25), las tres con nombres reales, al igual que sus historias de vida que tienen como denominador común la vulneración de sus derechos por la violencia machista, que dejó secuelas difíciles de superar, contaron el maltrato que sufrieron por parte de sus parejas y el camino que atraviesan para salir del infierno que significa la violencia.
Ellas y sus hijos han sido maltratados física y psicológicamente por sus parejas y hoy y gracias a la ayuda que están recibiendo pueden contar su infierno para animar a otras mujeres en su misma situación a que denuncien y vuelvan a vivir.
"Con mis hijos usurpamos una casa que estaba abandonada y apareció el dueño queriéndola arreglar, nos pegó y nos tiró todas las cosas a la calle. Ahí me encadené en la plaza y al otro día el juez Alejandro Arce y el asesor de Menores, Martín Pueyrredón, me dijeron que me iban a conseguir una solución y me trajeron a esta casa", así resumió Andrea el ingreso a Causan Huasi.
Andrea es de Tucumán, llegó a La Rioja porque su pareja le "robó el chiquito más grande. Había pasado un mes y no sabía dónde estaba y cuando me enteré que estaba acá, me vine, y para recuperar mi hijo volví con él, pero cuando comencé a buscar la forma para separarme terminé con la cara desfigurada, con el pie y las costillas quebradas", relató.
En la actualidad su ex pareja está en Tucumán, pero ella no puede volver a su provincia, porque él vive en su misma cuadra y tiene miedo de lo que le pueda pasar. Mientras vivió en esta capital con el padre de sus hijos hizo un montón de denuncias en la Comisaría III, pero no se las receptaban. "A veces iba la Policía a la casa, lo sacaba, pero nunca lo llevaron preso, lo sacaban y después volvía", recordó. Incluso, indicó que su hijo más grande, que tenía cuatro años en ese entonces, "en una oportunidad cuando vio que me pegaba agarró un cuchillo y se lo clavó en la pierna". Por haber presenciado ese tipo de episodios, su hijo debió someterse a tratamiento psicológico.
Con su paso por la asociación, Andrea está más tranquila, pero sabe que es un refugio transitorio. Está trabajando cuidando dos niños por la noche "y lo único que me hace falta es una casa, porque mis hijos tienen lo que ellos necesitan, pero todavía sigo esperando que Vivienda me mande a la asistente social", concluyó.
LUCHA DE UNA MADRE
María Inés llegó a la asociación en septiembre próximo pasado, también por disposición judicial. Su historia es muy estremecedora, la de una madre luchadora, que a pesar de los momentos difíciles que tuvo que afrontar, tiene un lugarcito para dar palabras de ánimo a Alejandra, que es la más nueva en ingresar al albergue.
Se fue de la casa de su madre porque su hijo de cinco años fue abusado sexualmente por un sobrino de 13 años. "Yo vivía con mi mamá y este sobrino de 13 años todavía anda suelto, no le han hecho nada. Todos los días pregunto en el Juzgado qué le van a hacer, porque mi hijo quedó muy perjudicado, cada vez que lo ve le tiene miedo. El nene está recibiendo tratamiento psicológico y a todas las citaciones voy", expuso.
María Inés está sola con sus tres hijos. Hace cinco años tomó coraje y dejó a su pareja "porque me pegaba mucho. Vivíamos en Alta Gracia, en Córdoba, donde estuve presa por pegarle porque él me golpeaba. Nunca pude denunciarlo porque me amenazaba de muerte", dijo y agregó: "Lo conocí a los 23 años y me cansé de que me pegue, ni mis padres me pegaron como él, pero un día dije hasta acá nomás llego. Agarré mis poquitas cosas y mis hijos y me vine".
"Desde hace cinco años no lo volví a ver, pero recibía amenazas por medio de un tío que venía a mi casa, me decía que yo no era nadie para traerme a los chicos, me los quisieron quitar, pero a la tenencia me la dieron a mí porque en la familia de él todos tienen causas y como yo tenía en donde vivir, en la casa de mi madre, pero ahora con este problema ya no tengo un hogar", acotó remarcando que está "muy alterada de los nervios, medicada para la presión y tomando tranquilizantes por indicación médica".
María Inés también necesita urgente una casa para reconstruir su vida. Ella no puede pagar un alquiler porque tampoco tiene un ingreso económico permanente, por lo tanto su única solución es esperar que Vivienda se haga eco de su necesidad. Está buscando trabajo para realizar tareas de limpieza o planchado, pero aún no consiguió, incluso denunció a su ex pareja porque tampoco le pasa la cuota alimentaría de sus hijos.
ESPERANZA QUE CRECE
Por su parte, Alejandra es la última que ingresó a "Causan Huasi" hace tres semanas. Fueron sus padres los que buscaron ayuda en el Consejo de la Mujer y desde allí se contactó a la asociación para que la reciban.
Llorando, y con la voz entrecortada, relató que cuando cursaba su segundo embarazo, su marido la golpeaba. "A la nena la tuve porque me pegó una patada en el estómago y me tiró con una lata de picadillo. Ella ahora tiene dos años, nació hinchadita y moradita por los mismos nervios míos".
Además del maltrato físico, Alejandra aún no se recupera de la muerte de su hijo más chico, de tan sólo un mes, ocurrida hace siete meses por muerte súbita. "El bebé falleció un domingo a las ocho. Mi marido sólo me apoyó tres días y empezaron las peleas, las discusiones, me dice que yo lo maté porque soy una irresponsable. No me duele separarme de él, no quiero estar con él, no me interesa, lo que más me duele es saber que ya no tengo a mi hijo", expresó.
Al igual que Andrea y María Inés, también realizó denuncias "y todavía no encontré respuestas. Lo citaron para el psicólogo y no fue. Me dijo que la citación le había llegado tarde y que le dé algún número de teléfono para presentarse". También "me dijo que si me quería separar que lo hagamos, pero que no me quedara acá, me ofreció pagar un lugar a donde irme con los niños y que me iba a pasar la manutención todos los meses, pero que hagamos las cosas bien, que no lo denuncie".
Alejandra tiene trabajo y en este momento está de licencia y con tratamiento psicológico. "El psicólogo me dijo que todavía no tome ninguna decisión porque no estoy en condiciones, es muy reciente", agregó.
La compañía y las conversaciones con las otras mujeres, los gritos de los diez niños, "llegado el momento hacen que no te acordes de nada y estés más tranquila. Todo el día estamos riéndonos de las cosas que hacen los niños, ayudándolos con las tareas de las escuela o simplemente renegando porque ya rompen algo o se pelean", narró al referirse a su estadía en la casa donde reciben ayuda.
"Acá hablamos mucho, siento el mismo dolor de Alejandra, sé cuando está mal, cuando se siente sola, cuando se pone a llorar y la trato de tranquilizar, la aconsejo porque yo he pasado por muchas cosas y no las traigo de vuelta porque hace mal", acotó María Inés.
En el albergue entre las cuatros comparten las tareas. Pero sobre todo, Alejandra y María Inés, como no están trabajando y están casi todo el tiempo en la casa, se encargan de cocinar, decidir el menú, hacer la limpieza y cuidar a los niños. Andrea, se encarga de llevar los niños a la escuela y también en algunas ocasiones hace coraje y se presenta a algún área gubernamental a gestionar algún tipo de ayuda para contribuir con los gastos de la casa. Por Ahora sólo recibió promesas y ninguna se concretó.
EL ALBERGUE
La Asociación Civil "Causan Huasi (casa por la vida), tiene una casa en el barrio Difunta Correa que brinda albergue a las mujeres y a sus hijos víctimas de situaciones de violencia. El trabajo de la entidad reconforta a sus asociadas, todas mujeres, para quienes continuar con el proyecto implica un desafío diario, ya que deben hacerse cargo de los impuestos de la casa, la alimentación de las mujeres y niños que están conteniendo, que en este momento son 14 personas. Además de encargarse de velar por la asistencia psicológica, médica, la reinserción laboral y social, incluida la lucha por una vivienda.
DENUNCIAS EN AUMENTO
La violencia de género no discrimina clases sociales, religiones, ni edades. Las denuncias cada vez están saliendo más a la luz pública. Recientemente se conoció el caso del ex titular del INADI, Marcelo Lucero, denunciado por su pareja de prenderle fuego. Y según las estadísticas del departamento de Operaciones Policiales, dependiente de la Dirección de Planeamiento Estratégico de la Policía de la Provincia, en el 2011, hasta octubre receptaron 15 denuncias por violencia de género que sumadas a las denuncias de violencia familiar, totalizan 29.
Si bien no solo son 15 las mujeres maltratadas físicas y psicológicamente en La Rioja, ese es el número que la entidad policial tiene como denuncias concretas, aunque los testimonios de Andrea y Alejandra ponen en evidencia que no siempre se les recepta la denuncias.
Asimismo, las estadísticas de la Policía indican que en el 2010 hubo 12 denuncias por violencia familiar; en el 2009, siete; en el 2008, cinco y en el 2002 dos. Si se tiene en cuenta el testimonio de María Inés, también hay mujeres que no se animan a denunciar por las amenazas que reciben de sus parejas.
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