Bajo la consigna de Maitena, “Somos todas diferentes pero nos pasan las mismas cosas”, mujeres de distintos ámbitos y actividades nos juntaremos a intercambiar en GEN, en nuestro Día, las diversas experiencias de vida y de trabajo. Desde una periodista, políticas, dirigentas de fútbol y una joven árbitro, una médica y referente de su asociación profesional, acompañadas por militantes sociales, funcionarias, académicas y sindicalistas, comprobaremos, una vez más, la severa desigualdad que afecta a todas las mujeres sea donde fuere que desempeñen sus actividades.
Las dificultades de ascenso en los espacios laborales y empresariales de decisión y dirección, o para competir en las mismas condiciones con colegas varones, la disminución de los salarios desconociendo iguales tareas y a veces mucha mayor preparación y mérito, son simplemente algunas de las remanidas expertices de nuestro quehacer cotidiano.
Aquellas que crían hijos y que, naturalmente, eligen acompañarlos en su crecimiento a costa del progreso de sus propias carreras, cuando no pueden ocupar horas y días en su trabajo a las que están más dispuestos los compañeros, volverán a contarnos con dolor cuánto les cuesta avanzar en esta sociedad tan competitiva y tan discriminadora. Y volveremos también a reconocer que las mujeres sufren como un castigo a las diferencias, el ejercicio de responsabilidades familiares cuando sus parejas varones, por sí, o por una legislación que casi los excluye, nos manda a nosotras a cuidar del familiar enfermo o a recibir el parte de la escuela. Tampoco queremos ser las destinatarias objeto de políticas asistenciales, sino ser reconocidas como parte del desarrollo económico productivo colectivo.
La concepción machista y patriarcal de la diferenciación de roles dentro del esquema familiar produce efectos económicos que profundizan la desigualdad. Y lo más grave es la falta de reconocimiento del valor económico del trabajo femenino. Como de la enorme cantidad de mujeres sometidas por las diferentes formas de la violencia sexual.
Nosotras hemos avanzado sobre lo público, haciéndonos cargo del espacio, del trabajo productivo, de la búsqueda de una política y una gestión pública más transparente y confiable; y por eso no queremos victimizarnos de una situación que no nos condena a nosotras sino también a una comunidad que resigna su propia libertad si nosotras no gozamos de ella. Ni queremos atribuirnos méritos que deseamos compartir, como es la capacidad para construir espacios de diálogo y consenso, apreciando el valor de la diversidad, y encontrando el goce que produce escuchar a quien piensa distinto para enriquecer nuestras capacidades, tanto como sentir aquello que sienten los demás para poder ser más sensibles frente al sufrimiento ajeno. Se vienen vientos de cambio, se vienen tiempos en los que el progresismo tendrá que dejar de ser un formulismo retórico de los que se llenan los bolsillos con lo que les es ajeno, para pasar a ser el camino hacia el destino que la sociedad quiere para sí misma. Y en ese destino, la liberación de la mujer será percibida por todos los hombres como un avance certero hacia su propia libertad. |