Aumento de la tasa de homicidios, feminización de epidemias como el VIH, analfabetismo y pobreza son algunos de los karmas que ellas cargan con mayor peso. Además, se encuentran en gran parte atadas a trabajos como el servicio doméstico, que recién en algunas semanas podría tener condiciones dignas por ley, según anunció la propia Cristina Fernández ante la Asamblea Legislativa el martes pasado.
“En el servicio domestico es donde más trabajadoras informales y maltrato laboral hay. En general, las mujeres realizan grandes sacrificios personales y familiares, viajan grandes distancias y sufren muchos perjuicios. Creo que hasta ahora no se hizo un esfuerzo suficiente para revertirlo, ni se investigó realmente qué pasa con quienes no tienen excusa para no tener personal doméstico en regla”, señala la diputada porteña Diana Maffía, quien además es filósofa y ex directora de un programa sobre Construcción de ciudadanía de las mujeres y otros grupos subalternos.
Crímenes
Uno de los datos más preocupantes indica que el año pasado aumentó la cifra de crímenes contra mujeres. De acuerdo con un relevamiento del Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano, de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, hubo 260 asesinatos, 12,5 por ciento más que en 2009. Un tercio del total tuvo como victimario al esposo, novio o pareja.
Entre otros indicadores, el estudio muestra que 17 casos involucraron a hombres que pertenecían a fuerzas de seguridad, aunque más de 70 mujeres fueron ultimadas con armas de fuego. Si bien la mayoría de las víctimas tenía entre 20 y 50 años, el número de niñas y adolescentes asesinadas alcanzó los 33 casos.
La provincia de Buenos Aires es la que más sucesos registró, seguida por Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero y la Capital Federal, donde el barrio más castigado es Balvanera. Precisamente en esa zona de la ciudad existen algunos índices sociales igual de llamativos: hay una gran población de inmigrantes de Perú, Bolivia, Paraguay y provincias del norte; 4 de cada 10 vecinos son pobres y viven en condiciones de hacinamiento; la tasa de mortalidad infantil está dentro de las más altas de la ciudad y un tercio de los hogares son monoparentales.
Debido a la concentración de estos factores y la insuficiencia de servicios públicos y privados para atender tal demanda, se volvió fundamental el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil.
Desprotegidas
“Acá vienen mujeres atravesadas por la pobreza, la discapacidad y el Vih, entre otras enfermedades. Buscamos orientarlas y ayudarlas con lo que necesiten para que se desarrollen, siempre a través de la solidaridad y tratando de que recuperen fuerzas para poder seguir caminando”, comentó la psicóloga Marisa Mujica, una de las profesionales que trabaja en la ong FUNDAMIND, con más de 20 años de trayectoria en el barrio porteño de Balvanera.
Mujica explicó que¬ los programas de prevención de enfermedades de transmisión sexual se añaden a la idea que las mujeres puedan tener conocimiento y práctica en su propio cuidado y también en el de los niños y niñas. “Queremos que la mujer pueda defenderse como género, ya que es más débil físicamente y además sufre discriminación en varios lados, entre ellos el trabajo”.
La mayoría de las que acuden a esta fundación son jóvenes provenientes de Perú y países limítrofes, que tienen problemas de documentación y hallan grandes obstáculos en el mercado laboral. “Muchos piensan que vienen a sacarnos el trabajo pero acá tienen derecho a tener sus hijos, a vivir y a desarrollarse”, afirma Mujica.
Para Maffia, “las mujeres migrantes tienen una situación muy particular. Dejaron familia e incluso hijos en su país de origen, y vienen buscando trabajo, para mandar remesas básicamente. Llevan un modo de vida económicamente muy frágil. Lo peor es en muchos casos cuando quedan presas de trata, trabajo esclavo o prostitución, o si no quedan directamente atrapadas en los segmentos laborales más desprotegidos”.
Consultada por FUNDAMIND, recordó que las inmigrantes se quedan muchas veces sin acceder a ciertos derechos por desconocimiento o por los propios mecanismos de expulsión que hay en nuestra sociedad. Se refirió al uso de escuelas y hospitales públicos, por ejemplo.
Prioridad
El Centro de Estudios Mujeres y Trabajo (Cemyt-CTA) dio a conocer recientemente que más de 1.200.000 mujeres trabajan en el servicio doméstico; el 85 por ciento, sin vacaciones pagas, aguinaldo y goce de licencias. Durante su discurso inaugural de las sesiones ordinarias en el Parlamento, la Presidenta colocó al proyecto de ley que regula estas tareas como una prioridad, que podrá confirmarse o no cuando los legisladores vuelvan al recinto el 16 de este mes.
Mientras tanto, este trabajo en condiciones precarias lo realizan casi todas mujeres, de las cuales el 48 por ciento no terminaron la escuela primaria y el 28 por ciento no egresó de la secundaria. Entretanto, cada vez más mujeres son jefas de hogar. De 1960 a la fecha, la proporción se duplicó hasta alcanzar el 29 por ciento. Solamente en la Ciudad de Buenos Aires, hay un millón que es sostén de su casa.
Las propuestas para revertir aquella situación de discriminación laboral van desde un sistema de inscripción con libreta de trabajo hasta la creación de cooperativas de trabajo para que la prestación deje de ser individual y condicionada a vínculos afectivos, pasando por una cuota de vacantes en los espacios de cuidado infantil y de formación y capacitación, sostuvo Estela Díaz, coordinadora del Cemyt.
Del estudio surgen otros datos que marcan la desigualdad de género en las estructuras laborales. Las mujeres ganan menos que los varones aun en puestos semejantes y muy pocas acceden a lugares de decisión en las empresas u organizaciones donde se desempeñan.
En cualquier caso, la procedencia termina siendo un agravante. Datos oficiales señalan que las que llegan al área metropolitana desde países limítrofes y Perú ganan un 30 por ciento menos que las nativas.
“El caso del servicio doméstico es arquetípico porque además de ser de baja calificación, está íntimamente ligado con la prolongación de las funciones consideradas ‘naturalmente’ femeninas y tal vez por esto se presenta como una ocupación de acceso relativamente sencillo: no requiere experiencia por cuanto reproduce las tareas que la mujer desarrolla en su hogar y porque generalmente se accede a través de redes de mujeres que trabajan en el mismo sector”, subraya el estudio La Situación de las Trabajadoras Extranjeras en la Argentina a Partir del Desarrollo Democrático, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
Agravantes
El analfabetismo y la pobreza, que afectan estadísticamente a más mujeres que a hombres en todo el mundo, empeoran las consecuencias también en otros sentidos. Naciones Unidas reveló que en Latinoamérica “las desigualdades sociales entre hombres y mujeres han contribuido de una manera muy alarmante a la feminización de la epidemia de sida”.
Una investigación del organismo internacional recordó que “incontables niñas y jóvenes se sostienen ellas mismas y a sus familias vendiendo o trocando el sexo. Junto con la pobreza, el analfabetismo y el desempleo, se dice que el machismo es una de las causas más importantes de la feminización de la epidemia de sida en la región”.
A nivel regional, puede observarse que la mitad de las mujeres de más de 15 años carece de ingresos propios, una proporción mayor que la de hombres. La agencia temática Cimac recordó cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) según las cuales en Argentina, Uruguay, Perú, México, Chile y Brasil, la tasa de desempleo femenino representa 1,4 veces la registrada entre los varones.
En julio del año pasado, la ONU dio un paso institucional en el combate contra estos flagelos, al abrir una agencia especializada en temas de la mujer. Su directora, la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, mencionó el mes pasado el tráfico de personas, forzadas a abandonar sus estudios y casarse demasiado pronto, sin acceso a servicios básicos ni leyes laborales que las protejan, como uno de los problemas principales a combatir.
La ex mandataria trasandina recordó también que “alrededor del mundo hay demasiadas pocas mujeres sentadas en las mesas donde se toman decisiones sobre paz, comercio o cambio climático”.
Fuente: Prensa FUNDAMIND |