No es mala palabra, no es vergüenza, tampoco es “una larga y penosa enfermedad”, como suele hacerse referencia cada vez que un personaje famoso pierde la batalla contra esta odiosa dolencia: el cáncer.
Resulta curioso que, habiendo cada vez mayor conciencia de la necesidad de hablar sobre hábitos de vida saludables y la importancia de la detección temprana, se haga poca mención a la palabra que le da nombre a una afección que causa la muerte de 60 mil argentinos por año y de millones de personas en todo el mundo.
Cada vez con mayor énfasis, los especialistas subrayan la necesidad de llamar al cáncer por su nombre, en lugar de reemplazarlo por apelativos que buscan darle discreción, como suele suceder.
Lamentablemente, de esa forma sólo se consigue envolver a la enfermedad en un halo de misterio y reserva que en nada ayuda a difundir de qué se trata y cómo debe uno cuidar su salud.
Si no se la nombra, significa que es sinónimo de desgracia y muerte, en una época en la que la ciencia médica ha desarrollado -mientras sigue buscando la cura definitiva- numerosos tratamientos que curan o retrasan la formación de un tumor.
La Unión Internacional Contra el Cáncer (UICC), única ONG dedicada al control global de esta enfermedad, hace especial hincapié en terminar con la estigmatización de esta dolencia, para que los pacientes o sus familiares sientan que le hacen frente cada vez que la nombran.
Hoy, en ocasión de celebrarse el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, es una buena oportunidad para hablarle de frente y decirle que el planeta está más unido que nunca para combatir su incidencia de una buena vez.
Curioso origen etimológico
Sobre la raíz del término cáncer, se dice que los médicos de la antigüedad observaban que las venas entumecidas que aparecían sobre la piel cercana a los órganos atacados por tumores se parecían a las patas de un cangrejo, por lo que en el siglo II de nuestra era, Galeno llamó a esos tumores cancer, que significaba “cangrejo”, palabra derivada del griego karkinos. La palabra cáncer se registró en español como signo del Zodíaco (el cangrejo) en la segunda mitad del siglo XIII, y, como tumor, en 1438.
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