Cada vez más niños de entre 8 y 10 años padece factores de riesgo que pueden llevarlos a desarrollar diabetes del tipo II, por problemas derivados de la mala alimentación y la falta de actividad física sistemática. La diabetes tipo II está muy vinculada con el sobrepeso y la obesidad y –a diferencia de lo que sucedía de 10 a 20 años atrás– hoy se presenta a edades tempranas, ya que el cambio en las pautas de vida está llevando a que sean cada vez más los niños con sobrepeso u obesidad.
Se ha reemplazado una alimentación saludable, con ingesta de frutas, verduras, lácteos y carnes magras, por una dieta compuesta por comidas en las que prevalecen las harinas, los dulces y las frituras; y los productos industriales tales como gaseosas azucaradas, papas fritas, chizitos y otros snacks que inundan kioscos y góndolas. Hoy no es raro ver un niño almorzando un paquete de papas fritas con gaseosa pero justamente este tipo de costumbre, más la disminución cada vez más pronunciada de la actividad física en la infancia –porque los padres no tienen tiempo de llevarlos al club– lo que está creando es una generación de niños obesos. Estos chicos, si no logran revertir sus hábitos, tendrán posibilidades de desarrollar diabetes tipo II y serán probablemente adultos con problemas de hipertensión y con riesgo de padecer enfermedades coronarias.
La luz de alarma ya se encendió en distintos centros de atención pediátrica, y los especialistas están coincidiendo ahora con que lo que se impone son campañas de comunicación de gran masividad que insistan con la necesidad de que los chicos vuelvan a tener una alimentación sana y equilibrada, y actividad física sistemática, por lo menos dos veces por semana.
Incremento. En diálogo con EL DIARIO, la doctora Ángela Figueroa Sobrero, jefa del Servicio de Endocrinología, Nutrición y Diabetes del Hospital San Roque, dio algunos datos acerca de la situación que se vive en el hospital en relación con el sobrepeso en la infancia. “La diabetes tipo II es una patología que hace 20 años no existía, no existía la diabetes tipo II en los chicos, ahora sin embargo está apareciendo en nuestro país”, señaló. Este tipo de diabetes –a diferencia de la diabetes tipo I, que tiene causas genéticas– es prevenible y está vinculada con el sobrepeso y la obesidad. “La obesidad está incrementándose en forma exponencial en toda Latinoamérica”, comentó. “Nosotros hicimos un trabajo multicéntrico hace dos años que abarcó varias provincias de la Argentina, tenemos un porcentaje de un obeso cada cuatro niños”, informó. El porcentaje se acerca a las cifras que se manejan en Estados Unidos, uno de los primeros países en detectar el problema en su población infantil, donde 12,5 millones de chicos tienen sobrepeso o son obesos. “Esta situación lleva al riesgo de que aumenta el colesterol, aumentan los triglicéridos, aumenta la insulina” y si se hace una resistencia a la insulina, el niño termina “con diabetes tipo II, una patología que hace 20 años no existía”, sostuvo la doctora. “Lo que tratábamos era diabetes tipo I –que suele darse en niños y jóvenes y aparece asociada a factores genéticos–; ahora sin embargo está apareciendo la diabetes de tipo II en nuestro país”, agregó.
Golosinas y play. El trabajo de encuesta al que hace referencia Figueroa Sobrero se realizó hace dos años con la colaboración de varios centros hospitalarios de diferentes provincias, entre ellos el San Roque, el Garrahan, y hospitales de Mendoza, Corrientes, Salta, Ushuaia y Córdoba. Se cubrió un universo de 4.200 chicos, y se comprobó que el 40% de los niños argentinos no cumple con las normas diarias de alimentación saludable. “Hay un exceso de consumo de golosinas, chupetines, caramelos jugos azucarados. No toman agua, tienen un promedio de 4 a 6 horas diarias de televisión, la actividad física es bajísima. Hacen muy poco ejercicio. Si les preguntás qué ejercicio hacen mencionan la clase de educación física del colegio, que dura 40 minutos”, citó Figueroa. “Además, hay una serie de factores que se suman: si el papá y la mamá trabajan todo el día, los chicos hacen comidas rápidas (hamburguesas, pizzas, tartas, empanadas), con excesivo aporte calórico y no gastan. Los padres no tienen tiempo de llevarlos a los clubes; los chicos son expertos en juegos de computadora, en Play Station o Nintendo y no hacen deporte”, enumeró la especialista. Así, “el aumento de la ingesta y la disminución del gasto, da como resultado sobrepeso y después obesidad. El colesterol malo aumenta, aumentan los triglicéridos, aumenta la insulina y después se hace lo que se llama síndrome metabólico”, que se da cuando la resistencia a la insulina va acompañada de colesterol alto y presión arterial alta. “Si no se toman cartas en el asunto, muchos chicos terminan con diabetes tipo II: estamos hablando chicos de 8, 9 y 10 años, chicos de 60 kilos, 70 kilos. Antes era excepcional esta situación, ahora no”, precisó la doctora.
Política de Estado. “Esta aparición de la diabetes tipo II en los últimos 10 años en los chiquitos, y cada vez vamos a tener más, hace necesaria una política de Estado que impacte en la población, a través de la televisión, la radio, los diarios”, consideró la profesional. No sólo se debe fomentar la alimentación saludable sino también favorecer la actividad física en los niños. Trajo a colación entonces el plan Let’s Move! lanzado por la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, para tratar de lograr cambios de hábitos en las familias, y que intenta, con consejos sencillos, ir modificando costumbres sedentarias (ver recuadro).
“El hospital San Roque es centro de derivación de toda la provincia. El papá viene con el chiquito, consulta 20 o 30 minutos y después se va a la casa y no lo vemos hasta el mes siguiente. Yo no sé qué impacto puede tener en la familia esa consulta. Por eso creo que los medios tienen que aportar. Otro tema es favorecer la idea de los chicos clubes. Por otra parte, también desde la escuela hay muchas cosas para hacer que no se hacen”, entendió y recordó la idea de crear kioscos saludables en escuelas de Paraná –con venta de frutas en lugar de caramelos y golosinas– que no prosperó. “Los chicos no toman agua, toman jugo, gaseosas. Es muy difícil cambiar estos hábitos y la escuela tiene un rol fundamental en eso. Pero debe haber una política de Estado en el sentido de que los kioscos de las escuelas ofrezcan frutas, pues una manzana que no se vende en el día o en dos días se pudre y el kiosquero pierde plata, para él es más fácil vender papas fritas o chizitos”, que se conservan varios meses. “Hay muchas buenas intenciones, pero son esfuerzos aislados. Debe haber una planificación que parta de las autoridades de salud pública”, finalizó diciendo la doctora Figueroa Sobrero, del Servicio de Endocrinología, Nutrición y Diabetes del Hospital San Roque.
“Evitable”
“La diabetes tipo II es una patología evitable, depende de los hábitos alimentarios, de la actividad física. Pero modificar los hábitos alimentarios es difícil, por eso debe haber una planificación del gobierno, con insumos y recursos para pagar horas de campaña por televisión”, consideró la doctora Figueroa Sobrero. Es una cuestión de salud. El sobrepeso en los niños acarrea hipercolesterolemia, hipertriglicerolemia, baja autoestima, hipertensión, y problemas traumatológicos: los niños tienen dolores óseos, les duelen las rodillas, sufren pie plano por el sobrepeso.
Familias activas
El plan Let’s Move! da una serie de consejos sencillos para iniciar la actividad física. “Ofrézcales a los niños juguetes como pelotas, cometas y una cuerda para saltar, con los que puedan realizar actividad física; motívelos a que se inscriban en una actividad deportiva; limite el tiempo que ven televisión o usan otro aparato electrónico que no requiere que se muevan. Más bien, trate de que su familia sea más activa: pruebe nadar en la piscina del club de su barrio, o busque un parque cerca de su casa para andar en bicicleta, correr o caminar; realicen en familia cambios pequeños como, por ejemplo, usar las escaleras en vez del ascensor o caminar a la escuela; promueva las actividades físicas después de las clases y asegúrese de que el niño duerma lo necesario”.
¡A moverse!(Let’s Move!)
En febrero de 2010, el gobierno federal de Estados Unidos lanzó la campaña Let’s Move!, con el patrocinio de la primera dama Michelle Obama, ante las estadísticas que indican que en ese país 12,5 millones de niños de entre 2 y 19 años tiene sobrepeso o son obesos.
En la página oficial del programa, se explica que “en las últimas tres décadas, el índice de obesidad infantil en Estados Unidos aumentó al triple. Hoy en EE.UU. casi uno de cada tres niños tiene sobrepeso o es obeso”.
“Estas estadísticas son alarmantes dado que la obesidad en la niñez es un factor que contribuye a tener un mayor riesgo de complicaciones de salud como diabetes, enfermedades del corazón, hipertensión, cáncer y asma”, se valora. Y se presenta “¡A moverse! (Let’s Move!) como un programa integral para resolver el problema de la obesidad infantil en una generación. Mediante una combinación de estrategias integrales y sentido común, Let’s Move! pretende encaminar a los niños hacia un futuro saludable, sobre todo durante los primeros meses y años de vida”.
Alimentos
Un aspecto del programa apunta claramente al rol de las familias. Se dan consejos prácticos para empezar a cambiar de hábitos. Los primeros consejos se refieren a la alimentación:
- los niños deben comer cinco frutas y cinco vegetales al día;
- el jugo debe ser 100% natural, sin azúcar;
- incorporar frutas o zanahorias en bastones como merienda;
- mezclar los vegetales con otras comidas, por ejemplo arroz con brócoli;
- elegir opciones bajas en grasa y azúcar;
- escoger agua o leche baja en grasa en vez de gaseosas endulzadas con azúcar;
- elegir leche, yogurt y queso bajo en grasa o descremado;
- en vez de freír la comida, hornearla o asarla;
- en vez de manteca, utilizar aceite vegetal o de oliva;
- escoger postres de fruta en vez de helados y pasteles;
- medir las porciones; utilizar platos más pequeños para los niños; no obligue a sus hijos a terminarse toda la comida si se sienten llenos; ofrecer porciones del tamaño de un puño de mano cerrado: cada porción para el niño debe ser del tamaño del puño cerrado de éste.
El rol de la familia
Los cambios en el estilo de vida, originados por las nuevas exigencias laborales y profesionales de papás y mamás, les han restado tiempo para dedicarles a los chicos, para llevarlos al club, a correr y a jugar a la plaza. Frente a la situación de mamás y papás tiranizados por un mercado laboral cada vez más competitivo, la doctora Sobrero entiende la dedicación a los chicos como “una inversión”.
“Es una inversión que hacés para el futuro de tus hijos. Hay que pensar cuánto tiempo insume llevar al nene al club. Si empezás a los 8 años, de los 8 a los 12, porque después el chico se toma el colectivo y ya tiene en su memoria la satisfacción de hacer un deporte, tiene hábitos ya instaurados”, dijo. Porque “un chico que a los 14, 15 años nunca hizo deporte, no va a hacerlo nunca más, porque no sabe patear una pelota, no sabe relacionarse con sus pares desde el deporte. Tiene que hacerlo desde chico”, señaló. Reconoció que en algunos casos “cuesta” pero “con dos veces por semana que vaya al club, una vez lo puede llevar la tía, la abuela, hay que hacerlo, no es que lo van a hacer toda la vida: cuando sean adolescentes, ellos mismos, en vez de ir a sentarse a tomar mate, van a ir a jugar al fútbol 5 con los amigos, van a ir a jugar un partido de básquet, a correr con otros amigos, ya lo tienen incorporado”, explicó.
“La mayoría de los chicos vienen al servicio donde se les hace una evaluación general de colesterol, triglicéridos, insulina; si la glucemia está un poco alta, se descarta diabetes. De ahí en más la conducta a seguir básicamente tiene que ver con el esfuerzo de los papás. Realmente deben estar convencidos de ponerse un par de zapatillas y llevarlo al chico a hacer deportes, porque si están comiendo milanesas con papas fritas o hamburguesas todos los días no van a pretender que el hijo se coma un bife con ensalada”, ejemplificó la doctora Figueroa Sobrero.
Autoestima. Los especialistas señalan como un problema la baja autoestima que suele tener el niño obeso o con sobrepeso. “Un chico con sobrepeso es un chico que en los deportes no lo eligen, un chico que va a las fiestas y por ahí no tiene con quién bailar; al margen de toda la parte médica, esto le puede traer problemas para trabajar su enfermedad, por eso necesita el apoyo de la familia”, sostuvo finalmente.
“Tobogán”
Si el niño con sobrepeso baja de peso –de la mano del cambio de hábitos de alimentación y la actividad física–, se revierten los factores de riesgo. “Baja la insulina, el colesterol, los triglicéridos. Si cambia de hábitos el impacto a nivel orgánico se ve perfectamente en el laboratorio”, señaló la doctora Ángela Figueroa Sobrero. “Pero la mayor parte de los chicos no baja de peso. (Los factores de riesgo) se van sumando, y se va haciendo un combo que se llama síndrome metabólico”, y que puede desembocar en diabetes. Estos chicos cuando crezcan tienen grandes posibilidades de ser diabéticos o padecer hipertensión. “Es como un tobogán: se van sumando los factores y cuando más es el sobrepeso, mayor es la resistencia insulínica hasta que llega un momento en que el chiquito es diabético. Y hay muchos chicos en esta situación”, dijo finalmente.
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