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Adicciones y Salud Mental
Argentina | 08-11-2018

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Las personas con enfermedades mentales pueden vivir hasta 20 años menos que el resto   
Suelen traer de la mano mayor tendencia al tabaquismo, la obesidad, patologías cardíaca, y un acceso más deficiente a los sistemas de salud. La situación en Argentina.
Clarín ( Argentina )
Irene Hartmann
El título es enredado, pero vale la pena demorarse y analizarlo: "Manejo de las condiciones de salud física en adultos con trastornos mentales severos". Se trata de la primera guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre esta materia, presentada esta semana y en la que se ofrece un recorte original en el abordaje de la salud mental. Porque la guía no está centrada en lo más obvio, o sea, las características puntuales de tal o cual afección psíquica, sino que profundiza en las patologías accesorias, ésas que preexisten o, al revés, vienen de la mano de las enfermedades mentales. Ésas que redoblan el problema del paciente porque ponen en jaque su salud física y hacen que la mortalidad promedio, para ellos, sea dos a tres veces mayor que en la población general.

Tabaquismo, tendencia a la obesidad y más chances de padecer cardiopatías son algunos de los problemas que recaen en los hombros de quienes padecen enfermedades mentales, tengan depresión moderada a grave, trastorno bipolar, esquizofrenia u otros trastornos psicóticos. No son un par: estas patologías representan el 14% de las enfermedades a nivel global, un porcentaje que, asegura la OMS, “está aumentando".

En Argentina es un tema. La Dirección de Salud Mental de la Secretaría de Salud de la Nación compartió con Clarín el “Estudio Epidemiológico Nacional de Salud Mental en Población General en Argentina”, de 2015. Entonces, nada menos que una de cada tres personas había presentado algún trastorno de salud mental a lo largo de su vida, desde los 20 años. Los prevalentes fueron psicosociales: 16,4%, ansiedad; 12,3%, trastornos anímicos; 10,4%, consumo de sustancias. Del total, sólo el 16% accedió a un tratamiento.

En el imaginario social flota la idea de que estas personas tienden a morir por causas “no naturales”: accidentes, homicidios y suicidios. El informe de la OMS lo desmitifica: “La mayoría de las muertes son atribuibles a condiciones de salud física”. ¿Un dato contundente? Las enfermedades cardiovasculares confieren un riesgo diez veces mayor de muerte que el suicidio, en personas con problemas mentales.

¿Cuál es el vínculo entre un trastorno mental y, por ejemplo, una cardiopatía? Los expertos saben que el puente entre el desorden mental y las “enfermedades no transmisibles” (ENT) está ahí, como un hilo transparente que no termina de revelar su materia, lo que en la guía definen como una relación “compleja”.

Pero las cifras hablan solas, dice la OMS: “Desde un punto de vista epidemiológico, el trastorno mental en sí mismo es un factor de riesgo bien conocido para las ENT". A estas personas se les suma el riesgo 1,53 veces mayor de tener enfermedades cardiovasculares, y 1,85 veces mayor de muerte causada por una de esas patologías. También, un riesgo 1,85 veces mayor de tener diabetes que la población general”.

Además, el 61% de los pacientes con trastornos mentales fuma, casi el doble la media general (33%). Y el 50% tiene más probabilidades de padecer obesidad.

El punto más álgido quizás sea el de las políticas públicas, mensaje que sobrevuela toda la guía de la OMS, ya que la condición mental severa conlleva un peor acceso a los sistemas de salud.

En diálogo con Clarín, Shekhar Saxena, ex director de Salud Mental y Abuso de Sustancias de ese organismo, explicó que "el acceso a la salud mental, así como a los servicios de salud física para personas con enfermedades mentales graves es particularmente deficiente en todos los países, incluso en Argentina".

Todo recae en una "falta", una falta en todos los órdenes, dijo el experto: "Falta de información sobre sus necesidades, falta de servicios suficientes y adecuados, estigma, discriminación y temor entre la familia y los proveedores de cuidados. Pero quizás la razón más importante sea la falta de recursos. Los gobiernos gastan mucho menos dinero en salud mental; a menudo menos del 1% de su presupuesto de salud, mientras que las necesidades rondan el 10%", señaló.

Las consecuencias: "falta de capacitación adecuada para los proveedores de atención médica, falta de medicamentos y del tiempo para las intervenciones psicosociales, lo que trae graves consecuencias en personas con trastornos mentales graves, quienes suelen morir de 10 a 20 años antes que las otras personas".

En la misma línea, Alberto Trímboli, Presidente de la World Federation for Mental Health (WFMH) y coordinador del Sector de Adicciones del Hospital Álvarez explicó que “en Argentina, desde 2010 rige una Ley Nacional de Salud Mental, que es ejemplo en el mundo porque apunta a que las personas con padecimiento mental sean consideradas sujetos de derecho y se les garantice el acceso pleno al sistema de salud”.

Sin embargo, el cumplimiento de la ley está lejos de su plenitud: “Existen intereses de orden corporativo y económico que hacen que la ley se vea en muchos casos empantanada, especialmente a lo que se refiere a las internaciones".

“La ley obliga a que los hospitales generales internen personas con padecimiento mental”, explicó, pero aclaró que “se nota un cierto desinterés por parte de las autoridades de algunas jurisdicciones”. Así, “muchos terminan en un hospital monovalente o en una sala de clínica médica, cardiología o traumatología. O, peor, a veces están semanas o meses internados en las guardias”.

Faltan dispositivos intermedios, concluyó Trímboli: “Hospitales de día, casas de medio camino, residencias habitacionales, entre otras”

Con el mismo sentido, la guía publicada esta semana se centra en las “recomendaciones”, y enfatiza la importancia del seguimiento cercano del paciente de parte de un equipo especializado. Porque, detallan, las personas con trastornos mentales “son más propensas a tener un estilo de vida que contribuye o exacerba las Enfermedades No Transmisibles”. Factores de riesgo que pueden ser modificados.