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Ciencia y Tecnología
Brasil | 30-04-2020

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Científicos de São Paulo desarrollarán anticuerpos para el tratamiento del COVID-19 en laboratorio   
Con la mira puesta en el diseño de un fármaco contra la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, un instituto de investigación paulista empleará la plataforma utilizada para producir anticuerpos monoclonales contra el tétanos y el zika
Agencia FAPESP ( Brasil )
Un grupo de científicos del Instituto Butantan, en São Paulo (Brasil), trabaja en el desarrollo de un producto elaborado con anticuerpos para combatir al nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). Los anticuerpos monoclonales neutralizantes, tal como se los denomina, serán seleccionados en células de defensa (linfocitos B) de la sangre de personas que se curaron del COVID-19. La idea es hallar una o más de esas proteínas con la capacidad de unirse al virus eficazmente para neutralizarlo. Las moléculas más prometedoras podrán entonces producirse a gran escala y aplicarse en el tratamiento de la enfermedad.

En el proyecto, que cuenta con la coordinación de la investigadora Ana Maria Moro y con el apoyo de la FAPESP, se utiliza una plataforma creada para el desarrollo de anticuerpos monoclonales (mAbs) humanos referentes a diversas enfermedades, que se encuentra en fase avanzada para la obtención de anticuerpos monoclonales destinados al tratamiento del zika y el tétanos.

“Empezamos a desarrollar esta plataforma en 2012 con los mAbs humanos antitetánicos, con el apoyo de la FAPESP, y detectamos una composición de tres anticuerpos que neutralizan la acción de la toxina del tétanos. Posteriormente sellamos un acuerdo con la Universidad Rockefeller, en Estados Unidos, bajo la coordinación de Michel Nussenzweig, para generar linajes celulares de mAbs antizika, que se identificaron en su laboratorio durante la epidemia de la enfermedad en 2015. Son dos mAbs neutralizadores que podrán aplicarse para la protección de embarazadas en caso de retorno de la circulación de ese virus. Es un proceso largo, pero ya estamos poniendo en marcha el trabajo con el nuevo coronavirus”, declaró Moro a Agência FAPESP.

Este trabajo se rige por un principio parecido al de la transferencia pasiva de inmunidad, una técnica que consiste en la transfusión de plasma sanguíneo de personas curadas de COVID-19, que también se está desarrollando en Brasil (lea más en: agencia.fapesp.br/33012/).

El plasma –la parte líquida de la sangre– de personas que se curaron del COVID-19 es naturalmente rico en anticuerpos contra la enfermedad. Al ingresar en el torrente sanguíneo de una persona afectada, esas proteínas empiezan inmediatamente a combatir al nuevo coronavirus.

Sin embargo, aún no se sabe con precisión qué anticuerpos están combatiendo al microorganismo. Asimismo, los distintos donantes pueden tener cantidades mayores o menores de los llamados anticuerpos neutralizadores, que no solamente reconocen, sino que también eliminan al virus. La técnica de transferencia pasiva o transferencia adoptiva de inmunidad depende aún de constantes donaciones de plasma para mantener las existencias.

“En el caso de los anticuerpos monoclonales, se produce a gran escala un líquido compuesto por uno o más anticuerpos seleccionados entre los más eficientes de manera recombinante, mediante cultivos celulares en los denominados biorreactores”, explica la investigadora.

Hay en la actualidad más de 70 biofármacos a base de anticuerpos monoclonales aprobados para su uso clínico en el mundo. La mayoría apunta al tratamiento del cáncer y de enfermedades autoinmunes, y varios, los más recientes, a otras condiciones patológicas, como en el caso del combate contra el virus del Ébola. Y existen también centenas de productos en diferentes estadios de ensayos clínicos.

El reclutamiento de convalecientes
La primera parte del trabajo consiste en el reclutamiento de voluntarios convalecientes del COVID-19, en colaboración con la Universidad de São Paulo (USP), donde Moro también ejerce como docente, y con la Red Virus (del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones de Brasil). Con la sangre extraída de los voluntarios, los investigadores llevarán a cabo una serie de procesos de biología molecular con el fin de identificar las secuencias de genes que expresan a los anticuerpos neutralizadores en los linfocitos B.

Cada anticuerpo será entonces caracterizado con respecto a su acción contra el virus: su capacidad de unión, su especificidad y su afinidad, su reactividad cruzada con otros anticuerpos y su capacidad de neutralización.

Entre uno y tres anticuerpos que exhiban una mayor eficiencia en esos criterios se testearán entonces en animales. En el caso del virus del Zika, se había seleccionado tan solo un anticuerpo a causa de su capacidad neutralizadora. Con todo, cuando se lo probó en animales, no logró suprimir al virus por sí solo, debido al mecanismo de escape viral. Por eso se agregó un segundo anticuerpo que, junto al anterior, se mostró entonces efectivo. En el caso del tétanos, fueron tres anticuerpos seleccionados para la terapia contra la toxina causante de la enfermedad.

Una vez identificados los genes, la etapa siguiente consiste en la transfección de aquellos que producen los anticuerpos más prometedores en células para generar los linajes recombinantes permanentes. En el desarrollo del linaje celular se producen muchos clones, a los cuales se los aísla y se los caracteriza con respecto a las propiedades celulares (crecimiento, viabilidad y productividad) y a las del anticuerpo expresado por la acción esperable (unión, afinidad y capacidad de neutralización)

Los resultados se tienen en cuenta a la hora de seleccionar los mejores clones, que pueden producirse a gran escala en un biorreactor, para luego utilizarlos en las pruebas preclínicas y en los ensayos clínicos.