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Ciencia y Tecnología
Argentina | 06-06-2020

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La ingeniería cumple 150 años, pero no festeja   
El confinamiento obligó a diferir los actos para recordar la graduación de Luis A. Huergo
La Nación ( Argentina )
Carolina Otero
“Es un gran año para la ingeniería porque es justamente a través de la tecnología y la inventiva humana que estamos tratando de sobrevivir este año”, dice Andrés Agres, ingeniero civil y rector del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Hoy se celebra el 150° aniversario de la ingeniería argentina, día en que, en 1870, se graduó Luis Augusto Huergo, el primer ingeniero de la Universidad de Buenos Aires, y aunque había muchas actividades planeadas para celebrar la fecha, fueron suspendidas de modo presencial y reprogramadas por las restricciones que impuso la cuarentena.

“Mas allá de que las soluciones vienen por el lado de la medicina, hay un montón de cosas que la ingeniería está aportando. Lo que disparó la inventiva de tratar de encontrarle soluciones a una situación, que es tan forzada y que no tiene salida, es cuando más creativa se pone la ingeniería”, explica Agres y, continúa: “Es el gran año de lo digital y eso es ingeniería informática a fondo, que demuestra lo que puede hacer por la humanidad desde el punto de vista, que nos quedamos todos en casa, pero hay muchas cosas que siguen funcionando como la universidad. Estamos trabajando a pleno”, señala Agres. El ITBA colabora con proyectos de ayudas mecánicas para la respiración y máscaras con impresión 3D.

A finales del siglo XIX, cuando Huergo y otros 11 estudiantes finalizaron sus estudios universitarios y se los bautizó como “los 12 apóstoles de la ingeniería argentina”, Buenos Aires se encontraba ante una crisis epidemiológica que desató el primer contagio masivo de fiebre amarilla que, un año después devastó a la ciudad en la que murieron alrededor de 14.000 personas, lo que representaba el 8% de la población.

En aquella época, “hubo algunos ingenieros que se dedicaron a la parte sanitaria y fueron los que trabajaron en las soluciones de esas epidemias, que básicamente pasaban por las aguas potables para que pudiesen abastecer a la población y el sistema pluvial de cloacales. Las ciudades se diseñaban y no tenía previsto cómo corría el saneamiento”, explica Alejandro Martínez, ingeniero en electrónica y decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “El hecho de tener todos estos sistemas funcionando fue lo que en ese momento resolvió la situación y bajó la mortalidad”, añade Martínez.

“Trabajamos con iniciativas de ingeniería para paliar el Covid-19, como por ejemplo, un dispositivo para ampliar las capacidades de un respirador que permite conectar uno solo a dos personas. Se diseñó y se hizo el prototipo en un laboratorio de la facultad”, remarca Martínez. También realizaron una competencia virtual, Fiubatón, donde participaron más de 700 alumnos con 140 grupos que trataron temas de la pandemia y en donde uno de los proyectos de los estudiantes fue una aplicación para donar sangre.

Asimismo, la Facultad de Ingeniería de la UBA lleva adelante el proyecto 2020, que plantea actualizar todas las carreras y donde habrá una discusión profunda de las materias, su aggiornamiento y la incorporación de nuevas asignaturas. “También está el tema de género, de interdisciplinariedad que en la facultad lo veníamos llevando mal y una de las cuestiones centrales es la duración de la carrera. Se tarda mucho tiempo; tenemos que trabajar para que se ponga en valores más normales”, detalla el decano, y afirma que deben lograr que haya más mujeres estudiando ingeniería.

“En la facultad la primera mujer ingeniera fue casi invisibilizada”, indica Martínez. Y añade que uno de los proyectos que se pausaron por la pandemia, es el de hacer una estatua de Elisa Bachosen, la primera mujer ingeniera de la Argentina y de América del Sur que se graduó en la UBA, en 1918.