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Brasil | 23-12-2020

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COVID-19: la gestión de la cadena de suministros es uno de los retos en la distribución de las vacunas   
Los insumos que se utilizan en la producción de agentes inmunizantes se fabrican en distintos países y están sujetos al riesgo de desabastecimiento, según consignaron los participantes en el seminario intitulado “Facing the challenges on vaccine distribution”, organizado por la FAPESP
Agencia FAPESP ( Brasil )
Por Elton Alisson
COVID-19: la gestión de la cadena de suministros es uno de los retos en la distribución de las vacunas Con la aprobación para el uso de las primeras vacunas contra el COVID-19 y la puesta en marcha de la inmunización en el Reino Unido, en Estados Unidos y en Canadá, el reto ahora consiste en producir estos agentes inmunizantes a gran escala y distribuirlos de manera equitativa entre las demás naciones, a los efectos de contener la propagación del nuevo coronavirus.

En los países en desarrollo, tal como es el caso de Brasil, será necesario afianzar y gestionar las cadenas de suministros para la producción, el envasado, el transporte y el almacenamiento de las vacunas. Los insumos, tales como componentes biológicos, frascos e incluso jeringas y agujas, se fabrican en distintos lugares del mundo y están sujetos al riesgo de desabastecimiento, en razón del incremento de la demanda mundial y de la diminución de la capacidad de transporte aéreo, entre otros factores.

Este fue el análisis que realizaron los participantes en el seminario intitulado “Facing the challenges on vaccine distribution”, realizado el pasado 14 de diciembre en el marco de la serie FAPESP COVID-19 Research Webinars.

“Ningún país dispone de todos los recursos para la producción y la distribución de las vacunas contra el COVID-19, pues los insumos necesarios dependen de una cadena global de abastecimiento, en la cual una materia prima se elabora en Europa y otra en Canadá, por ejemplo”, dijo Prashant Yadav, especialista en logística de la salud del Centro de Desarrollo Global, de la Escuela de Medicina de la Universidad Harvard, en Estados Unidos.

De acuerdo con Yadav, a través del sistema convencional de fabricación y distribución de vacunas, los insumos, tales como antígenos, adyuvantes, lípidos, excipientes y frascos, producidos en distintos países, se envían por vía aérea a las fábricas de vacunas para la elaboración de la fórmula final y su posterior envasado y distribución.

Pero la disminución del tráfico aéreo en razón de la pandemia puede afectar a esa cadena de suministros de los fabricantes de vacunas, sostuvo el experto.

“Dado que la cadena de suministros de vacunas es global, queda expuesta a riesgos, como el de la capacidad de carga aérea. Será necesario asegurar la capacidad de transporte aéreo de esos insumos mediante operadores de carga especializados, por ejemplo, puesto que los vuelos de pasajeros han disminuido mucho durante la pandemia”, dijo Yadav.

Otros factores que elevan la complejidad del desafío de la vacunación los constituyen el corto lapso de tiempo que se dispone para inocular a una gran cantidad de personas, y el hecho de que la mayoría de las vacunas contra el COVID-19 ya disponibles se aplican en dos dosis y que, en algunos casos, requieren de un almacenamiento a una temperatura muy baja, apuntaron los especialistas.

La vacuna desarrollada por Pfizer con la compañía farmacéutica alemana BioNTech, que está aplicándose en Estados Unidos e Inglaterra, demanda la existencia de una cadena de frío a temperaturas que pueden situarse muy por debajo de 0 °C e ir hasta los -70 °C, aunque en la mayoría de los casos la temperatura requerida oscila entre los 2 °C y los 8 °C.

En algunas regiones de Brasil, tales como el norte y el nordeste, esto puede erigirse como un problema, sostuvo Tiago Rocca, gerente de asociaciones estratégicas y nuevos negocios del Instituto Butantan, vinculado a la Gobernación del Estado de São Paulo.

Serán 33 mil salas de vacunación
El Instituto Butantan, en asociación con la compañía farmacéutica china Sinovac Biotech, está desarrollando una candidata a vacuna contra el COVID-19 llamada Coronavac, que no requiere temperaturas bajo cero para su almacenamiento.

La FAPESP y el movimiento Todos por la Salud (bajo el liderazgo de Itaú Unibanco, el mayor banco privado de Brasil) suscribieron un convenio con el Instituto Butantan mediante el cual están aportando 82,5 millones de reales para la concreción de los ensayos clínicos de la fase III de la vacuna y la adecuación de una fábrica para la producción de la misma y el procesamiento final de productos inmunobiológicos.

La Fundación destinará 32,5 millones de reales que servirán de apoyo a los ensayos clínicos, y a los estudios de inmunogenicidad y seguridad de la vacuna en personas con mayor riesgo con respecto a la enfermedad; y en adolescentes y niños. La iniciativa de Itaú Unibanco invertirá 50 millones de reales en la estructura fabril para la producción de la vacuna.

“La cadena de frío para el almacenamiento de vacunas contra el COVID-19 requiere de una red eléctrica estable y adecuada para mantener a estos agentes inmunizantes a una temperatura situada entre los 2 °C y los 8 °C, lo que constituye un desafío en algunas regiones del país. Si pensamos en las vacunas que dependen de la ultracongelación, el reto es mayor aún”, afirmó Rocca.

De acuerdo con el experto, en Brasil existen más de 33 mil salas de vacunación distribuidas en más de 5 mil municipios, donde se almacenarán las vacunas contra el COVID-19 que se aprueben en el país.

“Será necesario garantizar la estabilidad de la red eléctrica en todas esas salas de vacunación de todo el país”, dijo Rocca.

Para arribar a esas más de 33 mil salas de vacunación, deberán transportarse las ampollas con las vacunas contra el COVID-19 en camiones refrigerados, en lo que constituye otro cuello de botella existente en el país, consignó Rocca.

“No contamos en Brasil con muchas empresas especializadas en el transporte de vacunas de acuerdo con los requisitos farmacéuticos”, afirmó.

Para mantener las condiciones de temperatura de las vacunas durante su transporte, deberá acondicionárselas en contenedores pasivos con hielo seco o nitrógeno líquido a los efectos de mantener la estabilidad térmica; o activos, que son una especie de heladeras portátiles alimentadas con baterías que les suministran la energía necesaria para efectuar la refrigeración cuando no están conectadas a las líneas de alimentación eléctrica.

Al empezar a utilizar este tipo de contenedores en sus sistemas de logística de vacunas durante los últimos años, los profesionales del área del Instituto Butantan constataron que algunos aeropuertos de Brasil no contaban con los suficientes tomacorrientes como para conectarlos para cargar sus baterías, comentó Rocca.

“La infraestructura de algunos aeropuertos ha mejorado mucho en los últimos años. Pero esto puede erigirse como un desafío en otros aeropuertos que no han sido objeto de mejoras y no están por ello preparados para recibir muchos contenedores de este tipo”, dijo Rocca.

Así y todo, a juicio de Margareth Dalcolmo, investigadora de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), tales condiciones son totalmente superables.

“Podemos utilizar generadores para asegurar el suministro de energía eléctrica y así transportar las vacunas que dependen de la cadena de frío, por ejemplo. Esto es perfectamente administrable en caso de que contemos con vacunas disponibles en Brasil, aunque hasta ahora no hay ninguna que haya sido aprobada”, ponderó.

La Fundación Oswaldo Cruz, ligada al gobierno federal brasileño, suscribió un acuerdo para la transferencia de tecnología y la producción de una vacuna contra el COVID-19 que se encuentra en desarrollo en el marco de una alianza entre la Universidad de Oxford y la compañía farmacéutica AstraZeneca.

“A comienzos de enero recibiríamos el IFA [el Ingrediente Farmacéutico Activo] proveniente de AstraZeneca a los efectos de poner en marcha la producción de la vacuna”, afirmó Dalcolmo.

Este encuentro contó con la participación de Luiz Eugênio Mello, director científico de la FAPESP, y su moderador fue Victor Wünsch Filho, docente de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo (FSP-USP).